viernes, 29 de marzo de 2013

PARENTALIDAD IGUALITARIA


Ha llegado a mis manos, por la generosidad de un colega, un artículo publicado en la prestigiosa revista “Pediatrics”, la publicación oficial de la Academia Americana de Pediatría. El título del artículo es:
Promoción del bienestar de los niños cuyos padres son gays o lesbianas
Y muestra una investigación extensa, profunda y seria, sobre los niños criados en estas condiciones, tal como lo hiciera la Academia Americana cuando se aprobaron en EEUU las primeras leyes de divorcio.
En aquel momento, tal como ahora, se hicieron pronósticos catastróficos sobre el fin de la familia, que en realidad ha demostrado ser una institución bastante más fuerte y firme de lo que nos querían hacer pensar los agoreros de aquellos tiempos.
Premisa de la que parte esta investigación dice: “Abundantes datos disponibles, procedentes de más de 30 años de investigación, revelan que los niños criados por padres gays y lesbianas han demostrado resiliencia con respecto a la salud social, psicológica y sexual, a pesar de disparidades económicas y jurídicas y el estigma social.[1]
Durante treinta años, se han estudiado, de las más variadas formas y con los más diversos instrumentos, los niños que se han criado con padres gays o lesbianas. Y se ha demostrado fehacientemente que no presentan conductas inadecuadas, ni padecen patologías psicológicas, más que los niños a quienes crían parejas heterosexuales.
Pero… todo tiene un pero, los científicos también hacen notar que “La falta de oportunidades para las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio aumenta el estrés de las familias, lo que afecta la salud y el bienestar de todos miembros del hogar. Porque el matrimonio fortalece a las familias y, de ese modo, beneficia el desarrollo de los niños, es que los niños no deben ser privados de la oportunidad de que sus padres estén casados. Los caminos a la paternidad, que incluyen técnicas de reproducción asistida, adopción, y fomentar la crianza de los hijos, deben centrarse en las competencias de los padres y no en su orientación sexual.”
¿Por qué no pueden casarse dos personas del mismo sexo? Si miramos cuáles son los impedimentos para contraer matrimonio, en nuestro código civil vemos: ser menor de edad, estar emparentados, un matrimonio anterior no disuelto, haber sido obligado a casarse. Eso hace que si alguien es mayor de edad, no lo obligaron, nunca se casó y no son primos o algo parecido, dos personas pueden casarse. Nadie les pregunta a ninguno de los dos si tiene historia de violencia doméstica, si mató a alguien, si tiene trabajo o si estafó a un pueblo. O si tiene historia de abuso a niños, o violencia sexual. Es más, no se pide certificado de buena conducta para contraer matrimonio. Por lo cual, aunque todo eso sea positivo, la buena persona puede casarse igual, siempre y cuando sea heterosexual.
Hoy leí algunas opiniones sobre el origen de la palabra matrimonio: que significa “matriz”, por el útero materno, o “mater” por la maternidad. Encontré en internet (grande Internet!) el significado de la palabra en el Diccionario original de la RAE. Luego de varias referencias a que se realiza entre un hombre y una mujer bautizados (lo cual hace dudar de la objetividad de los académicos en aquella época) dice: “Llámale Matrimonio del nombre Madre, por las mayores fatigas con que concurre la mujer a la propagación de la especie.
Si en eso basamos la negativa a aprobar el matrimonio igualitario, vamos mal. Porque nos hemos pasado los últimos cien años luchando, gritando, marchando y protestando, para que la responsabilidad (y por lo tanto las fatigas) de la propagación de la especie, recaiga por igual en ambos integrantes del matrimonio.
Las políticas públicas y la opinión general se basa en que la mayoría de las familias están compuestas por un padre y una madre casados, criando hijos biológicos. Eso ya ha demostrado no ser verdad: la familia del siglo XXI es una constelación de variedades, tan ricas como la misma realidad. Madres solas, por elección o por separación o abandono, padres solos, adopción, por no hablar de la fertilización asistida, la donación de esperma y óvulos, y las madres sustitutas. Y los cientos de niños que quedan sin una familia que se ocupe de ellos y que les proporcione el amor, el cuidado y los vínculos, esos sí imprescindibles para un adecuado desarrollo y una adecuada inserción en la sociedad. Y recordemos que casi la totalidad de esos niños son producto del abandono de padre heterosexuales.
En EEUU, las familias “tipo” eran, en 2010, el 65,3. No tengo a mano los números en nuestro país, pero creo que se le asemeja. Por otra parte, cuando queremos investigar aquí el número de niños que han sido criados por parejas de gays o lesbianas, o por gays o lesbianas sin pareja, se complica. O bien porque la pregunta no se hace, o porque se contesta con reticencia, en virtud de proteger a esos niños de los prejuicios. En el censo americano de 2010, se identificaron casi 132 mil hogares de casados del mismo sexo, y más de 500 mil hogares con parejas del mismo sexo, aunque no casados. En estos hogares, están siendo criados 111 mil niños. Si a eso agregamos los niños criados por gays o lesbianas que no viven con una pareja, de eso resulta que casi dos millones de niños menores de 18 años, están siendo criados por al menos un padre gay o lesbiana en EEUU.
No podemos saber cuál es la situación en Uruguay, pero sí sabemos que existen muchos, muchos niños que están siendo criados por gays o lesbianas, solos o en pareja. Podemos suponer que en general, se trata de niños concebidos en matrimonios heterosexuales que luego de la separación conviven con las nuevas parejas, gays o lesbianas, de su padre o madre. Aún no es posible, para esas parejas, la adopción.
Pero, HAY NIÑOS siendo criados por gays, lesbianas, y parejas homo. Esa es la realidad. Le guste a quien le guste, ¡o no le guste! Los niños, que son porfiados, están ahí. Y las investigaciones en otros países, dicen que esa crianza es efectiva, es adecuada. Dice que no están en mayores riesgos que los niños hijos biológicos de matrimonios heterosexuales que siguen juntos.
Lo que sí dicen las investigaciones, es que cuando los padres se separan, o cuando se quedan sin trabajo, o se enferman o mueren, esos niños quedan desprotegidos, porque no tienen el estatus jurídico que el matrimonio les confiere. Porque no olvidemos que el matrimonio es un contrato, un contrato social que otorga derechos y obligaciones a quienes lo suscriben.
¿Qué sucede cuando un niño que ha sido criado por su madre y la pareja lesbiana de ésta, debe asistir a la separación de esa pareja, y la ley no le otorga a quien lo crió con amor, dedicación y eficiencia, el derecho a seguir en contacto? ¿Qué sucede si se le niega a la pareja gay de un padre fallecido, el derecho de continuar su crianza, aunque eso haya hecho durante toda la vida del niño?
Cuando ni siquiera se hablaba de matrimonio igualitario, ni de adopción por los homosexuales, ni siquiera de homosexualidad, recuerdo haber dicho una y mil veces: no importa la etnia, el color, la religión, la ideología de los padres de un niño, mientras cumplan con el rol que la parentalidad exige: que cumpla la función normativa y la función nutritiva, que le de amor, y le permita adquirir los valores primordiales para vivir y ser útil a la sociedad.
Yo me alegré mucho cuando leí este artículo, donde se afirma que “…la literatura acumulada durante más de 30 años, en conjunto, proporciona una seguridad robusta, confiable y válida sobre el bienestar de los niños criados por padres del mismo sexo.” Repito, igual que las investigaciones de decenas de años sobre los niños hijos del divorcio. ¿Cuál fue el resultado en aquél caso? Que lo importante es el vínculo, no si están juntos o separados, sino qué tipo de vínculo mantienen entre sí y con el hijo en crianza. Y yo agrego que también de que existan los mecanismos legales para que el niño no se convierta en rehén de unos padres vengativos que olvidan los deberes de protección para con el hijo. O sea, el vínculo otra vez.
“El matrimonio apoya la permanencia y la seguridad (los ingredientes básicos para el desarrollo saludable de los niños). El matrimonio es también el mecanismo oficial de la sociedad para conferir derechos, beneficios y protecciones, que ayudan a parejas, como cónyuges y padres de familia y a sus hijos, financiera y legalmente.”, dice la Academia Americana.
No creo que nadie dude de la afirmación precedente. Sin embargo, se le niega a los niños y adolescentes hijos de las parejas gays y lesbianas, los derechos que les son inherentes, por un hecho sobre el cual ellos no tuvieron incidencia.
Por lo tanto, sigo pensando que “…es en el mejor interés de los niños que tengan el derecho a la seguridad de la crianza y el cuidado permanente que viene con el matrimonio civil de sus padres, sin distinción de sexo de sus padres o la orientación sexual de los mismos”.
Y una última reflexión: estaría muy bueno que la iglesia dejara de emitir juicios lapidarios sobre esta situación. Bastantes cosas graves y urgentes pasan en su interior. Tengo la esperanza de que este papa Francisco, capaz de lavar los pies de una mujer musulmana, en un acto de un simbolismo sobrecogedor, también sea capaz de cambiar la postura de la iglesia respecto a los gays y lesbianas, y, por qué no, el matrimonio igualitario. Todos somos hijos de Dios, los niños y jóvenes son nuestro mayor preocupación, y son a los que dedicamos nuestro mayor esfuerzo. Y estoy segura que hay muchos gays y lesbianas para los que sería muy importante poder cumplir con los sacramentos que su fe les impone, pero no les otorga.
Obviamente, no estoy ni cerca de ser una experta en cuestiones de fe, pero sí sé que estamos pobres de espíritu, que nos hemos perdido en el fárrago del consumo y la banalidad de tener en vez de ser. Entonces, cuando hablamos de algo tan grande, sagrado, fundamental y central para la sociedad como es la familia, creo que se impone un cambio de criterio, para poder acompañar a estas nuevas, cambiantes, diversas y fuertes familias del siglo XXI, que han demostrado con creces, que están lejos de extinguirse.



martes, 25 de septiembre de 2012

YO TAMBIÉN HABLO DE ABORTO


Hablando con mi amiga salteña, me recordó que nadie ha hablado de algunas realidades, que para los que trabajamos en la salud, son cosa de todos los días.
Desde hace bastantes años, no me acuerdo cuántos, en este país existe lo que se llama el asesoramiento en Salud Sexual y Reproductiva. En virtud de ello, la mujer embarazada tiene derecho a que se le expliquen las alternativas que tiene para llevar adelante, o no, esa gestación.

(Ahora averigüé cuántos años: desde 2002. Invito a leer la historia del proyecto en http://www.iniciativas.org.uy/institucion/nuestra-historia/)

Se le asesora sobre adopción, sobre los cuidados del embarazo y también sobre aborto. Si la mujer decide abortar, se le pide una ecografía para determinar la edad gestacional, y un estudio de grupo sanguíneo, para prevenir futuros conflictos Rh.

Lo que no se puede hacer es proporcionarle el misoprostol. Sí se le asesora sobre dosis, tiempos, cuáles son los efectos esperables, qué debe hacer y cómo se debe controlar. Con este método, se habían reducido a cero, las muertes por aborto, hasta este año, en que fallecieron dos mujeres por complicaciones post aborto.

Luego de la administración del medicamento, se le realizan controles, y de ser necesario, se la somete a un legrado evacuador. Todos estos procedimientos se realizan, reitero, HACE AÑOS. Y el Misoprostol, dirán ustedes? Se consigue en el mercado negro, en redes solidarias de mujeres, lo prestan, lo revenden, lo regalan

A partir de la promulgación de la Ley Nº 18.426, DEFENSA DEL DERECHO A LA SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA, de 1º de diciembre de 2008,  http://sip.parlamento.gub.uy/leyes/AccesoTextoLey.asp?Ley=18426&Anchor=, todo este procedimiento forma parte de los derechos de las mujeres, y TODAS las instituciones están obligadas a prestarlo. En lo que me es personal, en la policlínica de Adolescentes, se realiza esta instancia con todas las jóvenes que llegan embarazadas a nuestro servicio, cualquiera sea su edad.

Eso no significa que no exista el aborto mal hecho, porque hay mujeres que no llegan al misoprostol. Entonces abortan en pésimas condiciones. ¿Quiénes? ¡Las mismas que siempre! Las mujeres pobres.

Todo este cuento viene a que esta norma que se está votando, el único cambio que traerá será que el misoprostol será de venta legal –que no venta libre- y que todos los médicos podremos recetarlo, y se comprará en las farmacias, o las instituciones estarán obligadas a proporcionarlo. Lo cual hará que esas mujeres pobres puedan abortar en mejores condiciones.

Por otra parte, cuando le hablamos a las mujeres de las opciones: ¿realmente son opciones? La adopción cada vez es más compleja, de eso no hay dudas. La protección económica para esas madres, si bien en estos tiempos es generosa, tampoco implica condiciones de vida dignas, sino pura y simplemente reproducción de la pobreza. Las mujeres de nivel medio bajo y medio, no acceden a estas prestaciones, deben trabajar, y ahí se les complica, porque el trabajo no es compatible con la maternidad, por lo menos con la maternidad placentera y saludable, para madre e hijo.

Por lo tanto, la despenalización del aborto hará que todas las mujeres puedan hacer efectivo el derecho a decidir, si desean o no mantener el embarazo. Y todas ellas lo podrán hacer en las mejores condiciones. Si esto será así o no, es harina de otro costal, porque el sistema de salud, tal como está en estos momentos, no creo que pueda soportar otra meta prestacional más. ¡Porque SEGURO que será una meta prestacional! Se verá si las instituciones son capaces de afrontar el desafío, incluyendo la posibilidad de la objeción de conciencia.

Por otra parte, nuestro país se va muriendo de a poquito, o de a muchito, más bien. Necesitamos gente. Por lo cual, pensar leyes sobre derechos sexuales o sobre aborto, sin ponerse a pensar seriamente en una política demográfica es un tanto suicida. Aunque se crea que no, hay muchas mujeres que quieren tener hijos. Y muchas que quieren tener muchos hijos. Hijos que el país necesita. Pero no pueden, porque las condiciones no las ayudan. Porque deben elegir entre su crecimiento personal y los hijos, o entre su sobrevivencia con un trabajo a tiempo completo, o tener un hijo y tener también serias dificultades para mantenerlo. Un aplauso de mi parte para la Dip. Alonso, que plantea soluciones de este tipo.

Mi padre tenía un sueño, un proyecto de Ley de Familia Numerosa, que preveía muchas ventajas y beneficios para aquellos valientes que se animaran a criar muchos hijos. Obvio que su proyecto tenía contraprestaciones, no era cuestión de parir y que te pagaran… La idea era otra, era crecer, mejorar, apoyar a los que apostaban a la familia. (Lamentablemente no tengo ese proyecto, vaya uno a saber a quién se lo prestó el Hugo…!)

Las palabras que preceden son estrictamente pragmáticas. No opinaré filosóficamente sobre si aborto sí, aborto no. No creo que nadie esté “a favor” de abortar. Es una realidad que existe, que vemos a diario, y en la que cada una debe decidir con su conciencia y su saber, porque es a esa mujer a la que caerá toda la responsabilidad, cualquiera sea su situación futura. Debería asegurarsele que el Estado no la perseguirá, y que su conducta no será castigada penalmente. Abortar es una decisión difícil, no hay por qué hacerla además, punible.

Políticamente (que soy una mujer política, aunque me cueste admitirlo), estoy a favor de la despenalización del aborto, sin duda. No tengo demasiado claro si ESTA ley es la mejor que se hubiera podido hacer, pero sin duda, es mejor que lo que hay.

Por último, sobre las manifestaciones de hoy en los jardines del Palacio Legislativo, me dio vergüenza ajena. Está bien que podamos hacer con nuestro cuerpo lo que queramos, pero tampoco la pavada. A mi entender: “superfluosidades” hipermodernas, válganme Susanita y Lipovetsky.

Dicho sea, Rosita, CTR. :)